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Feria del Libro 2008

Feria del LibroFinalmente pude ir a la feria del libro. Mi última asistencia al evento había sido hace aproximadamente 15 años. (inmediatamente, decir eso me hace sentir un poco viejo)
Esperaba encontrarme con un conjunto masivo de librerías, editoriales, escritores y no mucho más. Al fin y al cabo, la vez anterior -recuerdo vagamente- que había menos gente; no era necesario esquivar personas para ir de un lado al otro.
Básicamente, donde había filas, había alguien firmando libros. Donde había mucha gente amontonada alrededor de una mesa, había libros en oferta (no importaba si eran libros interesantes o libros de autoayuda). Donde había un poco menos de gente, probablemente habías vuelto al pasillo. En una de las tantas fotos que saqué, se resume bastante bien el panorama general (que no cambió durante todo el día).
Gente en la Feria del LibroDentro del lugar, había muchos stands de provincias y países (el de Jujuy estaba realmente muy bonito y elaborado). También varios stands de empresas que no tenían que ver con los libros (Compumundo promocionando monitores, Fernet Branca regalando fernet -si hubiera habido Gancia ok, pero no me gusta el fernet-, bancos y canales de televisión -me pareció algo similar a profesar la adoración al diablo en una iglesia-).
Coincido con Milton en que no fue una gran idea poner los libros tan lejos de la entrada, teniendo que pasar por un montón de propaganda que poco tenía que ver con los libros.
Liniers en la radioMientras caminábamos con Mailén, mi compañera de la facultad, nos cruzamos casualmente con un stand de una radio -porque las radios también tienen algo que ver con los libros (?)-, desde donde se estaba emitiendo un programa en ese momento. Y estaban entrevistando a Liniers, el dibujante de la tira Macanudo en el diario La Nación. A los dos nos gustan (pero más a Mailén) las tiras de Liniers, así que nos quedamos escuchando la entrevista. Cuando terminó la charla y se retiró de la sala, ayudé a mi amiga a conseguir una foto con él (era lo menos que podía hacer por ella después de hacerla posar al lado de Darth Vader) y no hubo problemas (un capo Liniers!).
Siempre tira ideas que inspiran, y de las cosas que dijo en la entrevista que le hicieron, me quedó grabado que "los 20 es la edad para equivocarse". Que me haya gustado eso que dijo no significa que vaya a cambiar mi carrera de ingeniería a física. Pero me hizo pensar. Y no es la primera vez que me deja pensando, y por eso lo admiro.
En general, puedo decir que me gustó la feria del libro, pero tienen que mejorar el asunto de la publicidad no dirigida (en mi opinión es incorrecto poner un local de Compumundo con simuladores de vuelo dentro de este evento) y la dinámica de los caudales de gente (es decir, dirigir mejor a los visitantes para que no haya amontonamientos de gente por todos lados y la circulación sea más fluida).
A colación de esto -no puedo negar el pequeño físico que llevo dentro-, me pareció interesante el comportamiento de la gente dentro del tunel. En vez de circular en dos carriles, uno en cada sentido, la gente circulaba en tres carriles: uno mayor para ingresar, por el centro, y dos más angostos por los laterales, saliendo. Me hizo pensar que no solo nos comportamos caóticamente sino que cuando nos masificamos tenemos tendencia a comportarnos de manera similar a como se comportan cuerpos semejantes en la naturaleza.

Todas las fotos de la feria del libro que saqué y subí a Flickr están en la etiqueta ‘feria del libro’.

Tábanos

Ayer fui al cerro con unos amigos. En el largo camino (más de 20 km), no podíamos entretenernos simplemente caminando y hablando, así que surgió un juego un tanto estúpido pero entretenido (y motivador).
Básicamente, el juego consistía en matar tábanos, unos molestos insectos que pican, molestan y no son naturales de la zona (según se, fueron introducidos hace muchos años para eliminar a las chaquetas amarillas, aunque si ese era el objetivo no funcionó). Lo que al principio fue un entretenimiento casual, luego se convirtió en una voraz cacería, para terminar matando entre todos más de 250 tábanos. La tabla de frags quedó así:

Eugenio: 126 120 frags
Colo: 85+ frags (no llevaba demasiado la cuenta, pero sabemos que fue alrededor de ese número)
Zim: 31 frags
Matías: 26 29 frags

Como podrán notar, los dos primeros hicieron una gran diferencia. Sucedió que cuando volvíamos se detenían deliberadamente para atraer a los tábanos y una vez que tenían una cantidad considerable de estos cerca, matarlos. Fue divertido verlos como dos simios sacándose parásitos, golpeándose entre ellos para matar tábanos, y sólo por el hecho de ganar frags.
Para motivarnos y establecer una jerarquía, determinamos que todos empezamos en nivel cero. Para pasar de nivel, teníamos que hacer una determinada cantidad de frags que iba en aumento, de acuerdo a la sucesión de Fibonacci multiplicada x10.
Fue un juego un poco friki, pero así pudimos sobrevivir a la caminata.

Viajes nocturnos

Ayer a última hora, cuando ya pensaba en qué lado de la almohada iba a ocupar primero, recibí un llamado.
Tenía que estar a 25 kilómetros de mi casa lo antes posible. Bajé unas cuadras para tomar el colectivo. Mientras esperaba, observé las ocurrencias de un hombre que parecía estar drogado. Caminaba por la ruta haciendo música con sus zapatillas, pateaba piedras dentro de la garita de colectivos y tenía una mirada extraña.
Momentos después de que mi paciencia se colmara, pasó el colectivo. El viaje a la ciudad fue rápido, no hubo muchas paradas más. Me bajé del colectivo y caminé rápido hasta el punto de encuentro. Una mesa en una esquina de un restaurant. Ellas ya habían cenado, así que saludamos al resto del grupo y nos subimos al auto de S. Cargamos nafta, e hicimos los 20 kilómetros que faltaban entre anécdotas y mensajes de celular. Llegando a destino, notamos una rueda baja. En el medio de la nada. Mucho viento. Un frio desastroso. Andando despacio llegamos a la casa del Padrino. Nos pusimos al tanto de todo entre cafés, y luego vieron un par de películas. Yo me dormí en esa parte. A las cinco de la mañana, cuando terminaron las películas y ya todos queríamos ir a dormir, decidí volver a la ciudad con S, que volvía en auto. Cuando salimos notamos que el auto había quedado con todo el peso sobre la rueda desinflada. Intentamos salir así. Hicimos varios kilómetros sintiendo el auto inestable, preparados para un problema más grande (realmente, sólo advertidos, porque ninguno de los dos sabía qué podría pasar).
Pasaban los kilómetros, y ni señales de una estación de servicio. De repente después de una curva apareció una camioneta parada en el medio de la ruta. Con las luces prendidas. Cuando pasamos por al lado pude ver a un hombre con la cabeza en el volante. Tétrico. No nos detuvimos, creo que ambos preferimos evitar problemas.
Pocas cuadras después entramos a una estación de servicio. Pero no funcionaba el compresor. Otra vez andando despacio. Ya casi en la ciudad pudimos inflar el neumático. Y fue un alivio. Pero yo ya tenía los nervios destrozados, y un sueño impresionante. Dos horas y media más tarde tenía que estar despertando para ir al trabajo. S me llevó hasta casa. Eso me ahorró tener que volver por mis propios medios, y me dio un rato más de tiempo para dormir.
Pero dormí mal. Mi cerebro estaba hiperactivo, y todo se traducía en señales de tránsito, caminos y cosas que tenía que hacer. Mi pensamiento estaba tomado por un lenguaje extraño, y dos horas se transformaron en pocos momentos.
Epílogo: Hoy fue un día detestable, mantenerme despierto fue todo un desafío. Casi me caigo del asiento del colectivo porque me estaba durmiendo sentado.

Yo no me cambio en una cabina de teléfono

O al menos eso dice este test que volví a hacer influenciado por Valenzine.

Yo soy Iron Man

Iron Man
80%
Superman
75%
Linterna Verde
65%
Robin
62%
Batman
60%
Supergirl
57%
Spider-Man
50%
Flash
50%
Mujer Maravilla
47%
Hulk
35%
Gatúbela
30%
Inventor. Hombre de negocios. Genio.

Expedición Robinson

Ok, no es como el programa de la tele, pero no sabía qué título ponerle a este video. Lo filmé con dos amigos en verano, mientras paseábamos por la playa.

Asalto a un banco

Es 9/8/07. Son las 06:54 con 32 segundos. Mi plan acaba de empezar. Estoy colgado de un arnés en un edificio de diseño futurista. No me preocupa estar colgando a más de 50 metros del suelo, los hackers estamos acostumbrados a eso. Ingreso en el sistema del banco. Me pide una contraseña. No es problema, con un par de líneas de código ya tengo un programa muy bonito desencriptando claves. Ya estoy dentro.
Voy a transferir quince millones de euros a una cuenta en Finlandia. Quien me contrató me prometió un 5% de esa transferencia en forma de pago. Eso, o su cabeza sobre mi escritorio mañana, si no me paga.
Ya empiezo a escuchar las sirenas de los patrulleros. Ya saben que estoy en este edificio. Probablemente algún espía del gobierno me descubrió. Pero no saben donde estoy aun. Decenas de hombres de la SWAT (o algo parecido) entran al edificio con enormes rifles, uno tras otro. Se escucha como suben. No son discretos, tienen que hacer ruido para que quienes debemos ser sorprendidos tengamos tiempo de hacer lo que sea. Entro al edificio por la ventana nuevamente (sí, sólo me colgué del arnés para entrar al sistema del banco, es una costumbre que tenemos los hackers). Camino sigilosamente hasta la máquina de café al final del pasillo. No tengo monedas! Nada complicado, los hackers podemos hacer que una cafetera nos de jugo de naranja si asi lo necesitamos. Abro una tapa lateral de la máquina, cruzo un par de cables, y puedo elegir qué tomar. Mi capuccino se está preparando. Estoy en el piso 18, todavía queda tiempo. Los hombres armados deben estar por el piso 4 o 5. Mi capuccino está listo. Le agrego azucar, mezclo tranquilamente, y me lo tomo. Dejo el vaso tirado en el piso, alguien lo va a sacar. Los hackers no nos preocupamos por eso. Entro al ascensor, que ya está en mi piso, obviamente, y me dirijo al piso 8. Pero mientras el ascensor desciende, saco la tapa del techo, trepo por la abertura, y me tiro por el primer conducto de ventilación que encuentro. Veo cómo el ascensor se aleja, ya está a unos 6 metros de donde yo estoy. El conducto no está funcionando, como corresponde. No me voy a encontrar jamás con corrientes de aire, ventiladores funcionando a alta velocidad como cuchillas letales, ni nada parecido. Saco mi pequeña handheld y veo un mapa de los conductos de ventilación. Desciendo rápidamente hasta la sala de calderas. Nadie se fija ahí, los SWAT siempre suben.
En el piso, entre muchas tuberías, hay una tapa de alcantarilla. Entro por ella, y con mi handheld veo un mapa de las alcantarillas. Un punto rojo marca dónde estoy yo. Un montón de puntitos azules marcan quienes me persiguen. Empiezo a caminar, no sin antes activar una secuencia con un código extraño de letras y números. Una cuenta regresiva aparece en la pantalla. Empiezo a correr. Tras unas cuadras, levanto la tapa de la alcantarilla y salgo a la calle. Veo a lo lejos un helicoptero dando vueltas, y un montón de patrulleros con sus luces encendidas, estacionados a la puerta del edificio.
A la cuenta regresiva le restan 3 segundos. 2. 1. Y el edificio explota en mil pedazos.
Ahora camino tranquilamente con las manos en los bolsillos, silbando una canción, hasta llegar al puerto. Subo a mi embarcación y salgo a toda velocidad. Es hora de ir a rescatar a alguien, lejos de aca.

Podría ser director de películas en Hollywood.