Category Archives: Aventuras

Empanadas infernales

estas empanadas se ven bien!Hoy les escribo para contarles una historia verídica. No le pasó al amigo de un amigo… me pasó a mí.
Cerca del mediodía me disponía a salir a comprar un sandwich, cuando recordé que mi compañero de trabajo me había dejado (muy amablemente) el siguiente mensaje:

Hay una rotiseria que se llama ******* (tal vez te acuerdes que una vez compre empanadas ahi -no me gustaron mucho)

Claro que no me acordaba y, por supuesto, no recordé esta parte del texto cuando estuve en la rotisería.

tiene un sanguche de milanesa interesante (tamaño poco menos que si partieras el teclado al medio, más o menos hasta la tecla F7-F8, arrancando desde el lado del Esc.
También tienen un sanguche de j/q/t/l (ahí dice “jamón, queso, tomate y lechuga”; mi compañero trabajó en una heladería y así quedó…) que te lo arman al toque (mismo tamaño). Si no después tienen milanesas con fritas y menú del día por $20. Si llegas a enganchar cuando hacen canelones (yo el viernes comi eso) probalos, estaban geniales :D (…) Fin de la información gourmet.

Haciendo caso omiso a la recomendación de mi compañero (vamos a llamarlo Christian, para proteger su identidad real), me dirigí a la rotisería. Se ve que la parte de empanadas había quedado en mi subconciente, porque me decidí por ellas tras enterarme de que el menú del día eran tallarines con salsa de tomate (hasta yo puedo cocinar eso y por un cuarto del precio!). Continue reading Empanadas infernales

La merienda de Zim

Hace ya más de una semana fuimos –con mi novia con una señorita que no voy a mencionar para proteger su identidad- a merendar a la confitería de una reconocida chocolatería de Bariloche. Esta chocolatería no sólo es reconocida por su chocolate (que es mi favorito de los chocolates locales), sino que también es recordada por muchos por su peculiar decoración y detalles de diseño. Hace un tiempo estaban en un local mucho más chico, que se caracterizaba más que nada por tener una vereda con figuras formadas a partir de un ingenioso mosaico de piedras. Ahora están en una esquina (Mitre y Rolando), diseñada por la misma persona que diseñó el local anterior, Esteban Dambrauskas (el padre de un asiduo fan lector de este blog, ErethAkbe).
Estoy hablando, claro, de Mamsuchka, y a continuación les voy a describir la merienda de Zim. Continue reading La merienda de Zim

Crónica de una visita al dentista

Este post lo escribí esperando mi turno en el dentista.

un dentista
Dentista
Faltaban 10 minutos y aun me encontraba en la oficina. Haciendo uso de mi habilidad para viajar por el continuum espacio-temporal de este universo, me las ingenié para recorrer las cuatro cuadras que me separaban del consultorio de mi dentista para estar justo a las 18:30 en la sala de espera. Sabía que era probable que se demore y no me atienda puntualmente. Pero no quería arriesgarme a llegar y haber perdido mi turno por dos minutos.
Aunque apenas llegué estaba la secretaria, pronto se fue hacia las profundidades del consultorio, sin siquiera saludarme. Me hizo recordar las películas, cuando el protagonista entra en un lugar desconocido y alguna criatura subordinada del malo más malo espía entre las ramas, desde la oscuridad, y corre a contarle que alguien a vulnerado los límites de su territorio.
Un dentista amigable
Una intervención odontológica rutinaria
Pero no escuché mi nombre. Sólo sonidos infernales, máquinas endemoniadas… nunca estuve en una sala de tortura, pero creo que se escucharía similar a esto.
Y aquí en la sala de espera reina la quietud. Mientras el sol me abrasa la espalda, espero, en silencio, escuchando al sufrimiento susurrarme palabras perturbadoras al oido con su aliento helado (usa cierta marca de dentífrico que no quiero mencionar, que deja el aliento fresco). El miedo intenta seducirme al otro lado de la sala, pero debo ser más fuerte que él. Llevo casi cuarenta minutos aquí y debo resistir sólo un poco más, para enfrentarme por fin la némesis de mis afecciones dentales.

Update: Sobreviví, no tenía nada.

Firefox + Noche de los Museos

FirefoxEl sábado fui a un evento, con la idea de encontrarme con grupos interesantes (Mozilla, PyAr, CaFeLUG, Ubuntu-ar, etc). Además, la idea era encontrarme con la gente de Mozilla y recibir los premios del concurso que habían organizado hace poco. El ambiente del lugar era extraño: por lo general los frikis nos reunimos en lugares académicos/formales, y este lugar parecía una matiné. Continue reading Firefox + Noche de los Museos

Mi viaje a Bariloche

Este relato sirve de excusa por no haber escrito absolutamente nada en una semana.
El fin de semana pasado salí desde Buenos Aires hacia Bariloche, pero para hacer el viaje más interesante en vez de tomar un colectivo, vine en auto, con mi abuelo al volante. Fue el peor viaje de mi vida.
Luego de sólo 200 km, tuvimos el primer problema: resultó ser un cable suelto, nada grave. Por la tarde empezamos a tener problemas de temperatura (el electroventilador no funcionaba). Mi abuelo tuvo la estúpida mala idea de abrir el contenedor de refrigerante del radiador. Un show de vapor y agua hirviendo. Esa escena se repitió tres veces. Yo no sabía si reirme, insultarlo o preocuparme. También se pinchó una rueda (no fue gran problema).
Por la noche tuvimos problemas para encontrar un lugar donde pasar la noche. Previo a eso, pasamos por la barrera sanitaria donde rocían el auto con insecticida. Justo después de pasar por el rociador, el auto volvió a tener problemas de temperatura y frenamos. Mientras mi abuelo esperaba, yo fui a avisar a la cabina que teníamos problemas. Mientras le comentaba el problema al encargado, mi abuelo empezó a caminar por donde estaba el rociador. Era un sensor automático, asi que él también recibió su dosis de insecticida. A esa altura yo ya quería asesinarlo.
Al día siguiente salimos del pueblo donde paramos, y a los pocos kilómetros nos quedamos. Problema de motor. Llevamos el auto hasta la casa de un mecánico, que reparó el problema (y el electroventilador). Luego de 20 o 30 kilómetros, volvimos a tener problemas. Esta vez, ni siquiera tenía señal en el celular. Mi abuelo se fue a buscar al mecánico, y mientras yo me quedé en el auto. En esa hora y media de aburrimiento, esto fue lo que hice:

No pueden culparme, estaba aburrido. Finalmente el problema era más serio de lo que parecía, y mi abuelo se quedó en Catriel (así se llama el pueblo) mientras arreglaban el auto. Yo me dispuse a hacer lo que quedaba de recorrido por mi cuenta.
Ipso facto, saqué un pasaje a Neuquén, después de esperar una hora y media a que abran la boletería. Media hora más tarde, me subí al colectivo. Único problema en el camino: los choferes pararon en una estación de servicio a ver el partido River – Boca (y de paso cargaron combustible).
En la terminal de Neuquén fui a sacar pasaje a Bariloche y, para mi desgracia, no tenía ningún colectivo hasta las dos de la mañana. Estuve ocho horas en la terminal. Las primeras tres horas me entretuve paseando (es decir: yendo al baño y comprando algo para tomar) y dibujando. Hice un dibujo que de lejos se ve bastante lindo. Expresivo como él solo. Mírenlo.
Luego me conecté a internet con la notebook (malditos, 10 pesos por una hora y media de navegación… pero para la próxima vez ya se cómo funciona la red y se qué hacer para colgarme -ustedes no leyeron eso-). Ya estaba cerca de la hora de partida, asi que preparé todo… me fui a tomar un café. Y el colectivo no llegaba. Una hora más tarde seguía esperando. Finalmente llegó con una hora y media de retraso y dijeron que era por culpa del cambio horario. Pero bueno, ya estaba terminando el viaje. Me subí al colectivo, me puse los auriculares, y escuché música mientras dormía (me encanta hacer eso). Finalmente llegué a mi casa. Después de ~53 horas de viaje.
Y no escribí varias cosas más que pasaron en el camino, porque el post se iba a hacer eterno. Para terminar, una serie de fotos del viaje.