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Jack Johnson (Quilmes Rock 2011)

La semana pasada hice un viaje relámpago a Buenos Aires junto con Martina. El gran evento del viaje fue, sin dudas, el recital de Jack Johnson.
Tengo que mencionar, antes que nada, que la organización fue pésima. Lo más destacable de esta lamentable organización fue que me hicieron tirar una botellita de agua mineral, sólo para cobrarme la misma botella 15 pesos adentro del predio (más o menos cuatro veces lo que sale en un supermercado).

Como esto era una presentación de varios artistas, empezamos a escuchar bandas desde las cinco de la tarde. Llegamos temprano, y gracias a eso tuvimos un excelente lugar cerca del escenario:

Marti, emocionada porque llegamos

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Mi viaje a Bariloche

Este relato sirve de excusa por no haber escrito absolutamente nada en una semana.
El fin de semana pasado salí desde Buenos Aires hacia Bariloche, pero para hacer el viaje más interesante en vez de tomar un colectivo, vine en auto, con mi abuelo al volante. Fue el peor viaje de mi vida.
Luego de sólo 200 km, tuvimos el primer problema: resultó ser un cable suelto, nada grave. Por la tarde empezamos a tener problemas de temperatura (el electroventilador no funcionaba). Mi abuelo tuvo la estúpida mala idea de abrir el contenedor de refrigerante del radiador. Un show de vapor y agua hirviendo. Esa escena se repitió tres veces. Yo no sabía si reirme, insultarlo o preocuparme. También se pinchó una rueda (no fue gran problema).
Por la noche tuvimos problemas para encontrar un lugar donde pasar la noche. Previo a eso, pasamos por la barrera sanitaria donde rocían el auto con insecticida. Justo después de pasar por el rociador, el auto volvió a tener problemas de temperatura y frenamos. Mientras mi abuelo esperaba, yo fui a avisar a la cabina que teníamos problemas. Mientras le comentaba el problema al encargado, mi abuelo empezó a caminar por donde estaba el rociador. Era un sensor automático, asi que él también recibió su dosis de insecticida. A esa altura yo ya quería asesinarlo.
Al día siguiente salimos del pueblo donde paramos, y a los pocos kilómetros nos quedamos. Problema de motor. Llevamos el auto hasta la casa de un mecánico, que reparó el problema (y el electroventilador). Luego de 20 o 30 kilómetros, volvimos a tener problemas. Esta vez, ni siquiera tenía señal en el celular. Mi abuelo se fue a buscar al mecánico, y mientras yo me quedé en el auto. En esa hora y media de aburrimiento, esto fue lo que hice:

No pueden culparme, estaba aburrido. Finalmente el problema era más serio de lo que parecía, y mi abuelo se quedó en Catriel (así se llama el pueblo) mientras arreglaban el auto. Yo me dispuse a hacer lo que quedaba de recorrido por mi cuenta.
Ipso facto, saqué un pasaje a Neuquén, después de esperar una hora y media a que abran la boletería. Media hora más tarde, me subí al colectivo. Único problema en el camino: los choferes pararon en una estación de servicio a ver el partido River – Boca (y de paso cargaron combustible).
En la terminal de Neuquén fui a sacar pasaje a Bariloche y, para mi desgracia, no tenía ningún colectivo hasta las dos de la mañana. Estuve ocho horas en la terminal. Las primeras tres horas me entretuve paseando (es decir: yendo al baño y comprando algo para tomar) y dibujando. Hice un dibujo que de lejos se ve bastante lindo. Expresivo como él solo. Mírenlo.
Luego me conecté a internet con la notebook (malditos, 10 pesos por una hora y media de navegación… pero para la próxima vez ya se cómo funciona la red y se qué hacer para colgarme -ustedes no leyeron eso-). Ya estaba cerca de la hora de partida, asi que preparé todo… me fui a tomar un café. Y el colectivo no llegaba. Una hora más tarde seguía esperando. Finalmente llegó con una hora y media de retraso y dijeron que era por culpa del cambio horario. Pero bueno, ya estaba terminando el viaje. Me subí al colectivo, me puse los auriculares, y escuché música mientras dormía (me encanta hacer eso). Finalmente llegué a mi casa. Después de ~53 horas de viaje.
Y no escribí varias cosas más que pasaron en el camino, porque el post se iba a hacer eterno. Para terminar, una serie de fotos del viaje.

Señal de vida I

Bien, estoy seguro de que después de tantos días sin leer sobre mi en Go Mobile!, ya se están organizando fiestas en honor a los dioses de la muerte y la fortuna; pero me temo que aun sigo vivo. Les resumo mis peripecias: llegué a Buenos Aires y me fue a buscar mi abuelo a la terminal. De ahí, fuimos a su tapicería, donde luego de almorzar me recibí de tapicero cuando aprendí a hacer botones para un silloncito (nunca hubiera creido que hacer un botón fuera tan complicado). Al rato me fui a la casa de mi tía abuela, donde encendí el portatil y descubri con asombro que en la ciudad no todo es frialdad, y la gente sigue compartiendo cosas como, por ejemplo, internet. Gracias a ese buen vecino, pude absorber internet durante varios días para saciar mis necesidades básicas de conexión con el mundo.
El fin de semana fue un pequeño infierno. O una oportunidad de meditar y equilibrar mi chi. 48 horas alejado de todo, en la casa de mis abuelos. Un barrio hostil. No podía hacer llamadas telefónicas. No había internet. Era como la isla de Lost, pero peor: podía mandar mensajes con el celular, sólo que nadie los respondía. Pude hablar por celular alrededor de 10 minutos con una amiga. El resto del fin de semana, me dediqué a armar el cable de un tomacorrientes (eso incluyó improvisar un téster con una pila y un par de auriculares).
El lunes me mudé con mi tía. Nunca creí que escuchar a mis primitas pelear me fuera a hacer tan feliz. El martes me encontré con Pauli y fuimos al Unicenter. Próximamente, el video.

El miércoles edité los videos y me fui a comprar algo de ropa. El jueves estuve en casa. Aprendí a usar el microondas: qué invento sensacional. Es la solución a todos los males. Hace frío: microondas. Hay que calentar la comida: microondas. Mi prima se porta mal: microondas. A la noche, llevamos a mi prima a la casa de mis abuelos, y manejé el camino de vuelta, la primera vez que ando por una autopista. Dicho sea de paso, mis felicitaciones para Bea (España), que ya puede conducir legalmente! Dado el país en el que hizo el examen, tiene la habilidad para pasar con una rueda por encima de una moneda a 200 km/h.
Y esa es mi vida por aca. De momento, sigo esperando progresos en el asunto de encontrar trabajo, y todavía faltan dos semanas para que me asignen las materias de la universidad.
Espero que llegue pronto la conexión ADSL para poder volver a mis hábitosvicios. Extraño leer mis feeds, desde blogs como Paréntesis Metodológico o El Ventanuco, hasta comics como Cyanide & Happiness, pasando por mi foro favorito Blogoscoped.

En la gran ciudad

Bueno, no se si alguien lo notó, pero estos últimos días estuve bastante ausente de el mundo digital. Y es que me fui de Bariloche, y ahora estoy en Buenos Aires. De momento no tengo internet ni un lugar estable donde vivir, por lo que estoy yendo de un lado a otro (agradeciendo tener una notebook) y conectándome a redes WiFi de gente generosa que no encripta sus redes.
Con un poco de suerte, la semana que viene eso va a cambiar. Saludos!