Anoche, señoras y señores, asistí por primera vez a un recital. Tuve la suerte de escuchar Las Pastillas del Abuelo, un grupo argentino (no me gusta el rock nacional, pero esta banda es una de las pocas excepciones).

Fue un lindo espectáculo, no había mas de 250 personas, y estaba casi en primera fila. Para mi alegría, no hicieron playback, y los temas sonaban muy, muy parecido a los grabados de los discos.
El cantate (Piti) mantenía el movimiento sobre el escenario (en un momento, mientras cantaba Calipso, se arrojó a la “multitud”). Realmente admiro de él -y de los cantantes en general- la habilidad para mantener la afinación mientras canta al mismo tiempo que se mueve (o lo mueven, si consideramos el momento en que se tiró al público). Los guitarristas también tocaron muy bien, lo mismo que el bajista. De este último y del pianista admiro la virtuosidad para interpretar sus instrumentos: realmente lo hacían con agilidad e incluso pensando más en el público que los miraba antes que en sus instrumentos. Del baterista no tengo nada para decir en especial (no se demasiado de baterías). Y el saxofonista, aunque por momentos desaparecía (e incluso tomó una cerveza mientras esperaba para volver) supo hacer valer bien sus partes.
Me llamó muchísimo la atención cómo la gente se estupidiza cuando está en masa (ya escribiré un artículo al respecto), y no entiendo cosas como el pogo. Una chica de alrededor de catorce años me pisó el pie con bastante certeza (si por casualidad lees esto, está todo bien (sólo si te ponés en contacto conmigo -y con contacto me refiero a algo más amigable que una pisada, un mail puede estar bien-)).
Es lindo escuchar muchas personas cantar la música que te gusta. El momento que más me gustó, fue cuando escuché el estribillo de Calipso (uno de los temas que más me gustan). Es genial ver a pocos metros de mí al cantante de un tema que me gusta, interpretando su canción.
Me causó gracia la gran alegría que les produjo a unas chicas que había atrás mio que el cantante le tocara la mano a una de ellas. Pero lo más gracioso de todo fue cuando el cantante tomó un poco de una botella de agua mineral, y luego la cerró y la arrojó al público. El chico que la recibió, tenía una expresión que me hizo pensar que era un ferviente creyente recibiendo los últimos mililitros de agua bendita del planeta tierra: tomó un poco, triunfante, y le convidó a sus amigos. Me empecé a reir solo en medio de la multitud, por este episodio cómico.
Tengo que agradecer a mis amigos Pau, Martín y Julio (y a la amiga de Pau) por haberme acompañado. Realmente la pasé estupendo. Llené la memoria de mi celular con fotos y videos -algo que no pasaba desde hace mucho-. Después del recital fuimos con Martín y Julio a tomar unos tragos por ahí, pero esa es otra historia.
EDIT: El video de Calipso lo voy a subir en unos días porque necesita edición, el audio quedó muy mal.
EDIT 2: Me colgué con el video… Dos años después, lo agrego :D
